"El análisis formal debe ser más completo y exacto de lo que permiten las teorías de proporción y los imprecisos conceptos de espacio. Así pues, hemos de describir tanto la forma estereométrica de los espacios y las masas como el carácter de las superficies que los limitan. Aún más, hemos de hacer un balance de todas las posibilidades diferentes de formación de hileras, grupos y jerarquías, y de los principios ordenadores de los que provienen (adición-división, simultaneidad-sucesión, etc.). Esto nos lleva a exigir una teoría sistemática de la forma arquitectónica que incorpore información relevante de la psicología, de la teoría de la información y de la teoría de sistemas.

Podemos distinguir tres fases características en el 'desarrollo' hacia un método adecuado para el análisis formal:

1. La forma como proporción. Este punto de vista [...] sólo considera una propiedad muy abstracta de la totalidad arquitectónica. Proviene, históricamente, de la equivocación de que el número se encuentra en la naturaleza, y expresa el anhelo de una belleza absoluta. [...]

2. La forma como espacio. [...] debe entenderse como un sincero intento de aproximación a la totalidad formal. Hemos visto, sin embargo, que es inoportuno usar el concepto de espacio para abarcar totalidades (objetos intermediarios) que trascienden al espacio euclídeo. Todos los intentos de introducir un concepto de espacio impreciso como base de una teoría formal tienen que ser rechazados por confusos [...].

3. La forma como estructura. [...] Consiste en comprender la forma arquitectónica como un todo en el que se unifican los diferentes factores. Un 'análisis estructural0 debe hacer una enumeración de las Gestalten (elementos) y relaciones que determinan la totalidad formal- Unas veces puede ser decisivo el factor espacial, otras lo será el tratamiento de los límites o incluso el uso de los materiales."

Norberg-Schulz, Christian (2001 [1979]) Intenciones en arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili. pp 64-66.